Conrad: Inspiración y Conciencia
La primera virtud del novelista es la comprensión exacta de los límites trazados por la realidad de su tiempo al juego de sus invención. La inspiración proviene de la tierra, que tiene un pasado, una historia, un futuro, no del frío e inmutable cielo. Un escritor de prosa imaginativa (incluso más que cualquier otro tipo de artista) se confesa en sus obras. Su conciencia, su sentido profundo de las cosas, las que siguen leyes y las que no, forma su actitud frente al mundo. De hecho, cualquiera que apoye un lápiz sobre un papel para que lo lea gente desconocida (a menos que sea un moralista, que, por lo general, no tiene conciencia salvo aquella que se esfuerza en producir para el uso del resto) no puede hablar de nada más.
Joseph Conrad, Un Recuerdo Personal, Cap. V
Joseph Conrad, Un Recuerdo Personal, Cap. V
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